La Autoridad de Transporte Urbano para Lima y Callao (ATU ) implementó la segregación del carril en la avenida Abancay desde el pasado 19 de enero con la finalidad de acortar los tiempos de desplazamiento del transporte público. Sin embargo, a más de un mes del cambio, taxistas y peatones han expresado su desacuerdo con la medida debido a la congestión que se ha producido en una de las principales conexiones de la capital.
Bajo este panorama, el arquitecto urbanista Aldo Facho considera que la acción implementada por ATU no soluciona el problema de fondo, puesto que la avenida Abancay concentra todo el tránsito de aquellas unidades que parten desde Lima Centro y Sur hacia el noreste de la ciudad, debido a que no hay otra vía que canalice el flujo vehicular en esta dirección.
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En diversos paraderos, los peatones realizan largas colas para abordas los buses de transporte públio.
“Todos pasan por las avenidas Alfonso Ugarte, Tacna, Abancay y Puente Huánuco (…) porque nunca se completó el primer anillo del Centro Histórico que estaba compuesto por estas vías hasta su prolongación hacia San Juan de Lurigancho”, precisó para La República.
Falta de alternativas para conectar el noreste de Lima
La intervención de ATU en la congestionada avenida Abancay apuntaba a ahorrar entre 10 y 15 minutos en los tiempos de viaje. No obstante, estos lapsos han aumentado generando caos en diversos paraderos, según precisan los usuarios que transitan por la avenida a diario.
“Ellos están libres (buses), pero los autos y camionetas pequeñas nos vemos perjudicados. El tránsito hacia a Acho es lento. Anteriormente era más viable, pero ahora les han dado dos carriles”, “Demasiado tráfico, de Abancay hasta acá (Jr. Cusco) ya voy 40 minutos, es demasiado”, son las quejas de los conductores de vehículos particulares en la zona.

Peatones rechazan la segregación impuesta por ATU debido al caos generado en los paraderos.
Al respecto, el urbanista Facho explicó que, ante la falta de alternativas, todos los flujos vehiculares atraviesan la avenida Abancay por ser la principal conexión con lo noreste de la ciudad. Asimismo, la idea de realizar un túnel subterráneo por la mencionada vía tampoco sería una solución por el alto costo que implica. “(Un túnel) No permitiría que los grandes grupos metropolitanos esquiven el Centro de Lima, permitiendo que sea un espacio más tranquilo, peatonal y monumental”, precisó.
“Me siento estresada porque no hay mucho control. A los policías no les interesa. Yo vengo con mi niña y aturde bastante todo este tráfico”, “Qué desastre, hay colas por todos lados. Toda la gente camina hasta Acho”, precisaron peatones afectados por la segregación.
Problemas en el reordenamiento de la avenida Abancay
Si bien algunos conductores de transporte público han experimentado mejoras en el tránsito, los principales afectados son los taxistas, vehículos particulares, camiones y otras unidades, quienes ahora tienen menos carriles a su disposición. Esto se debe a que se ha priorizado el ingreso y circulación de buses y micros en los carriles exclusivos.
Si bien el urbanista respaldó la ampliación de carriles para buses de transporte público, cuestionó la falta de alternativas para los vehículos particulares, los cuales se ven “arrinconados” por las empresas de transporte público. “La solución de fondo es implementar obras de infraestructura vial. Lima está retrasada en esto. Por ello, movernos por la ciudad se vuelve complicado”, precisó.
En ese contexto, recalcó que los buses de transporte público que, si bien tienen capacidad limitada, tienen que convivir con unidades de transporte ilegal como los taxis o colectivos que, en muchas ocasiones, generan una mayor congestión vehicular y “satura las vías”.
¿Cuál fue la medida de ATU?
En enero del 2026, la ATU puso en marcha la primera etapa de intervenciones operacionales en la avenida Abancay con el objetivo de mejorar la fluidez, seguridad y eficiencia del transporte público en el tramo comprendido entre el jirón Amazonas y la avenida Nicolás de Piérola.
La medida abarcó 1.18 kilómetros de la vía y priorizó la gestión operativa, señalización, fiscalización y ordenamiento del tránsito para que los usuarios de transporte público ahorren entre 10 y 15 minutos en sus tiempos de viaje. Por ello, se aplicó la segregación de dos carriles exclusivos junto a la vereda para los buses. Asimismo, se usaron bolardos y topellantas para impedir el ingreso de vehículos particulares y limitar su tránsito.
Pese a que actualmente se observa la presencia de colaboradores de la ATU en la zona, esto no impide que algunos vehículos particulares usen los carriles exclusivos para el transporte público. Esta situación ocurre sin importar que existe señalización que advierte sobre la infracción grave G10, la cual contempla la imposición de una multa y la acumulación de 20 puntos en el récord del conductor.
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